Mario Vergés / PCPV
Estamos terminando de crear el monstruo Frankenstein que en pos del progreso desarraigará a pueblos enteros de territorio, cultura, tradición e historia. Es la última fase del capitalismo en su camino de expansión global. Esto nos llevará a ser hombres y mujeres transeúntes de un mundo regido por el capital en manos de sus dueños capitalistas globales mercenarios, los tan cacareados y etéreos mercados, que nos globarizará, si, pero en servidumbre y pobreza vital.
Esto del mercado es otra instancia dogmática de los neoconservadores. Se le atribuye características cuasi divinas. A los mercados se les percibe, se les escucha, se les siente, nos hablan a diario, nos coaccionan, dirigen nuestras opciones, y todo esto lo hacen sin conocer qué es un mercado financiero, quién está detrás o cómo funcionan.
Pero eso no importa, están o mejor dicho nos dicen que están y tenemos suficiente, así que antes de creer en la verdad del mismo, deberíamos plantearnos la verdad de quien nos asevera que existen. Es decir, volver al origen de las voces que definen su origen. Y nos damos de cruces con los señores neocon dogmáticos de un sistema ultra mercader capitalista. Volviendo al monstruo, él como en el libro, terminará buscando a su creador, para matarlo, o dicho de otra manera, se autodestruirá durante la fase de implosión y la onda se nos llevará a todos.
Nunca he sentido la necesidad tanto como hoy de proteger nuestra identidad, nuestra historia, nuestra lengua y nuestras tradiciones.Hablamos de nación? Nos encontramos ante un plan realmente sofisticado y maquiavélico contra las clases populares que, de manera subterránea por invisible y subrepticia, nos va empujando en el sentido de las agujas de un reloj que lleva las horas marcadas hacia nuestro destino pecunario de podedumbre y neoesclavitud.
Esta estrategia enmascarada y camuflada pretende vaciar a los hombres y a las mujeres de ese sentimiento territorial, que lleva ligados la cultura, las tradiciones y la lengua. Ahora es el momento idóneo, a través de la doctrina del Shock se nos obliga a hacer cosas como único camino posible, y ante esta situación paralizante estamos dispuestos a lo que sea con tal de salvarnos primero.
Nos arrebatarán nuestras casas en propiedad por un sistema alternativo de alquiler, nos dirán que el mismo puesto de trabajo no es para siempre, que hay que ir donde el trabajo esté, y nos dirán que no vale la pena luchar por ideologías, que eso son cosas desfasadas, que hay que ser pragmático en la búsqueda de soluciones.
A un tipo como yo esto le produce asco. Que alguien que pertenece a un partido político de ideología reprobable me esté diciendo esto, sólo quiere decir que lo mejor es que me desconecte.
Sin embargo para el resto todo esto por separado, es decir descontextualizado, lanzadas en flujo constante, no da ningún significado concreto.
En el transcurso del tiempo nuestro cerebro, en un ejercicio automático, crea un contexto general de estas ideas. Y ese contexto creado da como resultado el desclasamiento, por el camino del individualismo por la necesidad de salvarse primero, alegando a las conductas más primitivas del ser humano de supervivencia, es decir el apoyo a la derecha y su FAES. Amén de los inumerables placeres materiales, y sus recobecos que el sistema de libre mercado ofrece, que hacen muy difícil mantener una moral y ética inquebrantable.
Este es el verdadero poder, el juego con las mentes, las teorías de la comunicación, su invasión en el espacio y en el tiempo sobre el tejido social, su capacidad de moldear y manipular pensamientos a través de las maquinarias mediáticas que están torpedeando nuestro cerebro durante las 24 horas del día.
Los poderes reales del mundo tienen un objetivo y es la deslocalización humana, y cuyo resultado los vemos hoy ya puestos en práctica en forma de reforma laboral, risa-reforma financiera, etc… En lo que antaño se hacía a través de dictaduras duras y de violencia directa, hoy se hace a través del miedo psicológico ante lo que se muestra como inevitable, de dictaduras del capital, y de violencia estructural y extraparlamentaria de los perros domesticados del poder.
Ataque feroz a los sindicatos, a los grupos organizados que presentan batalla, defensa a ultranza de valores ultrconservadores, ultracatólicos y ultrainstitucionales, ligazón de empresas transnacionales a la bandera patria. Todo mentiras, deformaciones y manipulaciones.
Esta deslocalización saca nuestras mentes de una barrera de defensa natural ligada al territorio y a nuestras escasas propiedades, regularmente un coche y una casa (perdón por el patinazo, la casa es del banco). La lucha de clases queda trasvestiday minimizada a una lucha individualizada por conseguir un trabajo en las mejores condiciones posibles donde sea posible, donde salen victoriosos aquellos que, por sus genes o por su dinero, o por ambas tiene más ventaja sobre los otros.
Estamos ante una gravísima situación de deslocalización humana global. Deslocalización que llevará a nuestros gobiernos y las élites financieras al dominio absoluto sobre el poder de las mentes aisladas y marginales, y como elemento conductor del capital, la fuerza que ejercen los mercados subidos estos a los altares de la creencia absoluta de su hegemonía.
A través del imperialismo, los gobiernos han demostrado en los años de nuestra historia que tienen una extraordinaria facilidad para relacionarse con las oligarquías financieras y empresariales. Se está construyendo ese camino en silencio, desviando continuamente la atención hacia otros puntos, pero la maniobra un servidor la conoce y en esta columna la destapa.
El pueblo desaparece, para convertirse en una amalgama de indigentes de colectivización y autodeterminación. Hoy más que nunca nuestro discurso está vivo. Para aquellos que creen que Marx es cosa del siglo pasado, no saben qué amenaza irrumpe de nuevo sobre nuestras cabezas. Y para aquellos que creen que Marx sigue vigente un siglo después, un fantasma recorre Europa de nuevo.
Saludos a tod@s l@s camaradas. Salud y república.


Estimado Mario Vergés, estoy de acuerdo con tu excelente artículo y especificando un poco mas lo del “Plan” trato de explicitar la forma práctica de cómo lo realizan. Es un plan maquiavélico conocido por todos y aceptado como inevitable por muchos.
Pero hay una gran tendencia a decir que los “grandes responsables” del Plan son casi exclusivamente “los políticos”. No nos equivoquemos con el “que se vayan todos los políticos” porque aunque se fueran TODOS los políticos, se quedarían absolutamente TODOS los que realmente elaboran el “Plan Perverso” y éstos no son sólamente los políticos. Además, como en cualquier colectivo humano, no todos los políticos, son corruptos, sino que, en este caso, lo son “las políticas” ejercidas por los gobiernos “democráticamente elegidos” por los ciudadanos. Claro que, actualmente, las elecciones en los países capitalistas dependen decisivamente de las “campañas de ideologización constantes” o “previas a las elecciones” que los medios de comunicación masivos, propiedad de los grandes capitales como se expone en el segundo punto, que hacen que esas elecciones parezcan libres cuando, en realidad, la “opinión pública” (concepto inexistente y fabricado por estos medios de comunicación) ya está deformada previamente por esas campañas. Los gobiernos y políticos corruptos, partícipes necesarios eso si, en el “Plan”, por constituir el poder legislativo, sólo colaboran con él. El “Plan” lo elaboran y realizan los grandes capitalistas, ya sean individuos o, sobre todo, empresas transnacionales, manejadas por individuos naturalmente, que son las que tienen el poder de ir comprando sucesivamente o al mismo tiempo, primero, al poder judicial para ser impunes (éste poder, naturalmente, se lleva algo de la “torta” que se está repartiendo); segundo, a casi todos los medios de comunicación masivos para fabricar una “verdad” donde ellos prácticamente no existen (y además, si tienen que aparecer en algún momento, son los buenos de la historia), ocultar la verdad en la que los “elaboradores del plan” son los depredadores del planeta y los despojadores de la mayoría de sus habitantes (éstos medios masivos ricos y poderosos también se llevan algo de la “torta”). Tercero, y aquí es donde comenzamos la exposición, al antes mencionado poder legislativo para fabricar las leyes “a medida” que les den todo el dinero necesario (por supuesto que algo de la “torta” se lleva éste poder); cuarto: naturalmente y durante miles de años, a los militares y fuerzas del “orden”, para protegerlos y realizar una buena parte del “trabajo sucio” consistente, muchísimas veces, en eliminar físicamente a los pocos que se den cuenta del “plan” y protesten (éstos, los militares y las fuerzas del “orden”, también se llevan algo de la “torta”). Quinto: consecuentemente, también a muchas iglesias (a la católica cada vez menos porque ya va teniendo pocos seguidores auténticos) para prometer un castigo eterno a los que no se dejen y, en general, a todos aquellos que tengan algún poder e influencia para que nuestros “grandes capitalistas” puedan dominar o manejar con comodidad todos los ámbitos de actuación de un país y quedarse con la mayor parte del dinero, primer y último objetivo del “plan”.
Asi que no nos engañemos, los políticos son la punta de un iceberg muy útil porque se van renovando bastantes de ellos en sucesivas “elecciones libres” y así, al cabo del tiempo, van diluyendo la responsabilidad por los delitos cometidos en nombre propio y “por encargo” (véase, por ejemplo, quién es el único condenado por el intento de juzgar los crímenes de lesa humanidad del franquismo).
¿La solución? La concienciación colectiva en múltiples aspectos (humanismo, capacidad de análisis, crítica y decisión) de los que no son elaboradores del “plan” (aproximadamente el 98% de la población mundial), que exige educación libre y gratuita, de auténtica calidad, no legislada ni normada por los “elaboradores del plan” que la han estado devaluando constantemente durante grandes períodos de tiempo. Eso y muchas cosas más que, sin duda, se nos irán haciendo necesarias cuando, de una vez por todas, nos atrevamos a iniciar el camino sin retorno hacia la libertad.